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  • Valentina Ramírez Zapata

Yo también les di la espalda.


Al llegar hice lo mismo que la mayoría, les di la espalda.


Dos niños se acercaron a cantar y tocar un balde con un palito, de inmediato les dije que no tenía nada para darles.


Unos minutos después reflexioné para darme cuenta que hacía parte del grueso de la humanidad que no da la oportunidad de hablar, que no sabe escuchar porque cree tener la verdad revelada y que la vida es como decimos.


Me acerqué a ellos y les pregunté su nombre y porqué no estaban en el colegio.


Es el día de Ángeles Somos y vamos recogiendo yuca, plátano y otras cosas para hacer un sancocho, me dijeron.


No ahondé más porque como buena ignorante no sabía de esta costumbre, y pensé, seguro son los papás que los obligan a pedir dinero o comida.



Luego les pregunté lo típico, ¿qué hacen ustedes, qué quieren estudiar?


El chiquito me dijo que quería ser futbolista, que todos los días iba a entrenar mientras se reía de su compañero porque decía que jugaba fútbol… su risita irónica y burlona era más que tierna, demostraba complicidad… tan parecida a la de Manuela cuando se ríe de mi por mi nula creatividad.


El mayor, un jovencito muy alto y delgado, me dijo que quería estudiar economía para ayudar a la gente y acabar con la corrupción. De ahí en adelante no pude preguntar ni decir nada más. A mis 13 años no tenía idea qué era la corrupción, tal vez porque no me había tocado, porque esta no debe ser la preocupación de un niño.


Se fueron con su balde, riendo y tapándose un poco del sol a buscar comida para hacer un sancocho.


Sé que tienen 12 y 13 años, viven en La Boquilla, un barrio de Cartagena al lado del sector hotelero, en una playa adornada por barquitas que dan la apariencia de una escena montada para una fotografía, pero a la cual los vigilantes del hotel nos dicen que no podemos ir por seguridad.


Pues allá iríamos o ¿dónde se supone que debemos intentar intervenir, en aquellos lugares donde la indiferencia no nos deja ver más allá de los escándalos que nos abruman en medios de comunicación?


Millones de pesos hemos botado a la basura en campañas políticas que nada han tenido de democráticas.


Tan simple es ayudar y servirle a los demás, tan simple como don Javier, un señor mayor que nos encontramos en el camino cuando salíamos de una misa. Le preguntamos si podíamos acercarlo a la vía principal. Se subió al carro con una bolsa que pesaba más que él. Llevaba varios envases llenos de agua del Santuario de La Virgen del Jordán para aplicarle a los enfermos que viven en la vereda Potro Rojo. Llevarles agüita pura como ninguna, rezar un rosario, hablar y jugar con ellos.


Así de simple es servirle a los demás mientras otros nos rasgamos las vestiduras, nos pasamos la vida en Twitter creyendo que algo cambiará si insistimos en que por ese medio nos escuchen los políticos.


Las redes sociales sirven para comunicar y visibilizar, pero la vida de cambios reales va mas allá.




Obra: Nueve Esperanzas del Caribe por Manuela Echeverri. Fotografía: Daniel Rojas Roa

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